Personajes

Un tenor llamado Pavarotti

Considerado uno de los mejores tenores del siglo XX, su popularidad contribuyó a la difusión de la lírica fuera del ámbito estrictamente operístico. Un año después de su muerte, Luciano Pavarotti endulza los oídos de todos con su voz privilegiada.

enviar imprimir 18.04.12 por Boris
Pavarotti

Cuesta creer que el tenor más famoso de los últimos cincuenta años no fuera músico y que para cada ópera tuviera que escuchar muchas veces las frases para poder memorizarlas.

Ser el número uno era sólo un aspecto de su figura. Su personalidad trascendía por su carisma, su simpatía y no sólo por el hecho de ser uno de los cantantes contemporáneos más importantes. La enorme sonrisa, el característico pañuelo blanco que lucía durante los espectáculos y esa facilidad para emitir armoniosos sonidos, dejaban en silencio a miles de personas. No sólo en teatros, sino también en monumentales presentaciones públicas ante espectadores que deliraban con sus interpretaciones.

Nacido en las afueras de Módena, en el norte de Italia, era el único hijo varón de Adele Venturi, trabajadora en una fábrica cigarrera, y de Fernando Pavarotti, panadero y tenor aficionado, quien estimuló a Luciano a comenzar sus estudios de canto lírico. El padre admiraba a cantantes como Caruso, Schipa y Gilgi, y siempre decía públicamente que su hijo era “un poquito inferior”. Fue cantante de coro de la iglesia local; después de trabajar durante dos años como profesor de una escuela elemental realizó estudios de canto en su ciudad natal y años después perfeccionó su técnica en Mantua con Ettore Campogalliani. Cuesta creer que el tenor más famoso de los últimos cincuenta años no fuera músico y que para cada ópera tuviera que escuchar muchas veces las frases para poder memorizarlas. Es por esto que su repertorio no era tan vasto considerando una carrera de cuarenta años y una discografía increíblemente extensa.

Talento con trayectoria

Debutó en su ciudad Módena en 1961 interpretando a Rodolfo de La Bohème de Puccini, ópera con la que luego debutaría en los grandes teatros del mundo: la Scala de Milán, Metropolitan de Nueva York, Opera de Viena, Covent Garden y el Teatro Colón de Buenos Aires (1987). Pero fue en 1963 cuando el joven tuvo su gran oportunidad gracias a otra figura central de la ópera italiana, Giuseppe di Stefano, a quien tuvo que sustituir en una presentación de La Bohème en el Covent Garden de Londres donde recogió críticas entusiastas por su poderosa voz.

El repertorio de Pavarotti cambió, de tenor de agudos como el famoso “do” que lo hizo internacionalmente famoso, a otros un poco más dramáticos. Conocido como el "rey del do agudo", poseía una voz amplia y técnicamente muy segura que le permitió cantar las óperas Turandot, Don Carlo, Aída y hasta Otello de Verdi. Fue en una presentación de la ópera I Puritani en el Metropolitan donde él hizo gala de sus sobreagudos cuando ya había comenzado a cambiar de voz. Cuentan los artistas que lo acompañaban que temblaba antes de salir a cantar, pero su voz fluía como una catarata de belleza.

Su actuación escénica era también excelente, sobre todo en los papeles cómicos, en los que resultaba especialmente convincente. Luciano Pavarotti era un buen intérprete porque era sincero y honesto con sus movimientos: como era simpático sus personajes también lo eran y como era mujeriego sus personajes también lo eran. Además sus besos eran notablemente comentados por las divas que lo acompañaban. Todas lo amaban excepto una, Renata Scotto. Con Renata tenían un paralelismo vocal increíble, ambos italianos y de un fuerte temperamento, pero ella crecía como actriz y él como personaje mediático. Las peleas en el escenario eran evidentes y esta rivalidad entusiasmaba al público.

Durante los ochenta y principios de los noventa, Pavarotti se hizo popular en todo el mundo gracias a sus recitales masivos. El tenor grabó duetos con artistas como Eros Ramazzotti, Sting, Frank Sinatra, Brian Adams o el grupo U2. Pero lo que realmente hizo furor fueron las actuaciones televisadas junto a los tenores españoles José Carreras y Plácido Domingo, donde aparecían con el conocido nombre de 'Los tres tenores'. La rivalidad con Plácido Domingo se hizo notar. Con voces extremadamente diferentes, Luciano era liviano y Plácido más dramático, los medios masivos les hacían decir cosas malas a cada uno sobre el otro. Una única vez Pavarotti dijo: “Domingo es un gran artista y Pavarotti el mejor tenor del mundo”.

Durante su carrera recibió un Grammy al mejor cantante clásico (1991) y el Premio Libertad de la City de Londres (2005). Reconocido por su filantropía, reunió dinero para refugiados y para la Cruz Roja y fue premiado en varias ocasiones por ello. Días antes de su muerte, recibió el Premio Excelencia que otorga el Ministerio de Cultura italiano por su trayectoria y su aportación a la cultura italiana. Su nombre aparece en el Libro Guinness por la ovación de una hora y siete minutos que le tributó la Opera de Berlín en 1988.

En 2006 tuvo que cancelar una gira mundial para someterse a una operación de cáncer de páncreas. Tras la intervención, Luciano se retiró a su villa en la ciudad italiana de Módena. En agosto de 2007 tuvo que ser ingresado en el hospital debido a complicaciones respiratorias. Pocas semanas después abandonó la clínica para continuar su convalecencia rodeado de su familia. Finalmente, murió en su casa el 6 de septiembre a los 71 años a causa del cáncer que padecía.

Artista con peso propio

Su amor por la comida lo llevó a engordar en los primeros diez años de carrera convirtiéndose así en el “gordito simpático de la ópera”. Con el correr de los años y una fama cada vez mayor, exigía que el hotel donde se hospedaba dispusiera una inmensa cocina para que él cocinara. Cuando las crónicas discriminaron a una célebre cantante de la actualidad por su peso, se abrió una polémica internacional sobre la gordura en la ópera. Luciano Pavarotti pusó final a la discusión con su opinión: “Una sola vez en el auge de mi carrera he logrado bajar unos cuarenta kilos y nunca he cantado mejor, descansado mejor y hecho más el amor que en ese entonces”.

A tenor called Pavarotti

Considered as one of the best tenors of the twentieth Century, his popularity contributed to spread classical music outside the Opera circles. A year after his death, Luciano Pavarotti fills our spirits with his privileged voice.

Being the number one was just a part of him. His charisma and appeal made him into a larger than life figure, and not just one of the top contemporary singers. His broad smile, the distinctive handkerchief he boasted during his shows and the brilliance of his tone, left thousands of people immersed in silence, not only in Opera houses but also in huge public performances where spectators remained ecstatic.

He was born in the suburbs of Modena, in the north of Italy and he was the only son of Adele Ventura, who worked in a cigar factory, and Fernando Pavarotti, a baker and amateur tenor who encouraged Luciano to start his lyrical singing studies. His father admired Caruso, Schipa and Gilgi and he always said  publicly that his son was “just a little bit inferior”. He was a choir singer at the local church and he worked for two years as a teacher in elementary school but then went on to study singing in his home town. Later he moved to Mantua to improve his technique with Ettore Campogalliani. It is hard to believe that the most renowned Opera tenor of the last fifty years was not a musician and that he had to listen to the words of each Opera a number of times in order to memorize them. That is why his repertoire was not so vast if you think that he had a career of forty years and many albums recorded.

A talent with achievements

He made his debut in Modena in 1961 interpreting Rodolfo in Puccini’s La Boheme, which was the piece he would perform at the best Opera houses across the world, like the Milan’s Scala, the Metropolitan in New York, the Vienna Opera House, Covent Garden and the Colon Opera House in Buenos Aires (1987). But it was in 1963 when the young man had the chance of his lifetime as he had to replace a master of Italian opera, Giuseppe di Stefano, at a presentation of La Boheme in Covent Garden of London: he received the most enthusiastic reviews for his powerful voice.

Pavarotti’s repertoire went from the upper register that made him internationally famed as the “King of the high C´s” to other less dramatic ones. He had an ample and technically consistent voice that allowed him to sing operas like Turandot, Don Carlo, Aída and even Verdi’s Othello. But it was during a performance at the Metropolitan when he did the  “I Puritani” emitting his ringing high C´s when he was already changing his voice. The colleagues that were with him then, said that he was trembling before going on stage, but his voice seemed to flow out like a waterfall.

His stage performance was excellent, especially if he had to interpret comic pieces, where he appeared very convincing. Luciano Pavarotti was a good perfomer because he was sincere and honest in his movements. He was charming and so were his characters; he was a womanizer and so were his characters. His kissing was something his prima donnas talked about, and they all loved him, except for one: Renata Scotto He shared with Renata good quality singing, they were both Italians and they had a strong temperament, but she developed as an actress while he became more of a media icon. The arguments on stage were obvious and this rivalry amused the public.

During the 80s and the early 90s, Pavarotti became popular across the world for his recitals that drew great crowds. The Opera tenor recorded duets with artists like Eros Ramazzotti, Sting, Frank Sinatra, Brian Adams and U2. But what really caused fascination were his televised performances next to Spanish tenors Jose Carreras and Placido Domingo who were known as “The three tenors”. But the rivalry with Placido became evident; they had different tones, Luciano´s voice was light and Placido´s more dramatic. The media made them say ugly things about each other. An only once Pavarotti said “Domingo is a great artist and Pavarotti the best tenor in the world”.

During his career he was awarded the Grammy to best Opera singer (1991) and the Freedom Award of the City of London (2005). He was a philanthropist and he managed to collect money for the refugees and for the Red Cross and he was acknowledged for his charitable works in many occasions. A few days before his death, he was presented with the Excellence Award by the Italian Minister for Culture for his career and for his contribution to Italian culture. His name is quoted in the Book of Guinness for the one hour and seven minutes of standing ovation he received at the Berlin Opera House in 1988.

In 2006 he had to cancel a world tour to have an operation for pancreatic cancer and after that Luciano retired to his villa in the Italian city of Modena. In August 2007 he had to be re-admitted into hospital due to respiratory complications. A few weeks later he left the clinic to continue his recovery in the company of his family. He finally died of cancer in his home on September 6th at the age of 71.

An artist in his own right

He was so fond of eating that he put on weight during the first 10 years of his career thus becoming “the nice fat Opera singer”. As time went by and with his fame growing he expected to have his own large kitchen at every hotel he stayed so that he himself would cook. When some newspaper articles discriminated a famous contemporary singer for his weight, an international discussion about excessive weight in the Opera world hit the news. Luciano Pavarotti put an end to the discussion by saying “Only once at the top of my career did I manage to lose some 40 kilos and I never sang better, I never slept better and I never made so much love”.

Newsletter

Ingrese su e-mail y suscríbase a nuestro e-news semanal y reciba todas las novedades en su correo.

¡Gracias por suscribirte!